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domingo, 16 de marzo de 2014

Nada sabe tan raro como la luna

Nada sabe tan raro como la luna. Eso me dijo ella, la mujer de largos cabellos negros. Yo, claro, no lo entendí. Era una persona extraña, de esas que no sabes si son sabios o es que están locos. A mí me pareció que su parte de razón llevaba. Nada sabe tan raro como la luna. Seguro que no.
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Me habían contado que esa mujer tenía una historia dura, pero que no se sabía si era verdad. Viéndola, nadie lo diría; semeja la paz personificada. Se viste de negro y largo, como esos que llaman góticos, y la melena lisa hasta la cintura con su piel tan blanca le da un aire como de aparecida, de resucitada y vuelta a enterrar. Mucho misterio para mi gusto.
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Yo, que he sido siempre una chica sencilla y sin muchas ganas de saber del prójimo, no tengo interés en la vida de esa señora. Me basta con amargarme la mía mientras muevo la fregona como si fuera un arma, la que ha matado todos mis sueños. Antes quería ser bailarina, pero mi padre, un bruto como todos los de su pueblo, dijo que eso era peor que ser puta, y me lo prohibió. Cuando quise escaparme me rompió un tobillo adrede y ahora camino raro, como el sabor de esa luna que la dueña de la casa dice conocer tan bien.
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A mí me contrató de interna, lo que me vino estupendo porque no tenía dónde ir y ni muerta me hubiera vuelto a la casa de mi padre. Dicen las malas lenguas que sufre de mal de amores, y que por eso viste de negro. Que su amante de ojos oscuros se fue con otra después de preñarla y que ella, del disgusto, perdió el bebé y que por eso, desde entonces, va de luto, pero yo no me creo nada. Seguro que es todo mentira; por eso a las malas lenguas las llaman malas.
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Sí que está triste, a veces. Pero yo no le pregunto, y ella no dice nada. En su mesilla hay una foto de un hombre, lo que pasa es que no se le ve el color de los ojos porque está en blanco y negro. El hombre está solo, así que lo mismo puede ser su padre, o su hermano. Aunque la verdad es que no se parece a ella. Bueno, también puede ser un primo. Ya se sabe que entre primos el parecido no es tan cercano.
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Una vez recibió un sobre que no esperaba. Lo sé porque cuando le llegó, se quedó mirando el remite con los ojos muy abiertos, como si hubiera visto un fantasma, y estuvo así mucho tiempo. Luego se echó a llorar. Cuando se le pasó la impresión, leyó la carta. No debía de ser muy larga, porque terminó en seguida y empezó otra vez a llorar. Yo pasaba la fregona en un rincón y no sabía qué decirle. Se quedó como ida, mirando el papel con los ojos perdidos y acariciándolo con los dedos. Hasta una bruta como yo sabe que eso sólo se hace cuando se quiere mucho.
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- ¿Se encuentra bien, señora? - me atreví a preguntar.
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Pegó un respingo. No se había dado cuenta de que yo estaba. Movió la cabeza para decir que sí.
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- Si quiere, le puedo llevar la contestación al pueblo. Esta misma tarde se la llevará el correo.
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Ella miró la carta y luego me miró a mí. Movió la cabeza para decir que no.
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- Pero está usted tan triste, señora...
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Hasta a mí me sorprendió meterme en lo que no me importaba. Y es que las lágrimas le volvían a rodar como canicas por la cara, y una tampoco es de piedra. Ella se levantó del sofá donde estaba sentada y se me acercó un poco y vi que era más joven de lo que decían, y que sufría más de lo que decían también. Entonces cerró los ojos y le dio un beso a su carta.
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- Nada sabe tan raro como la luna - suspiró.
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Y yo, que sigo sin entender nada, digo que algo de verdad habrá.

domingo, 16 de febrero de 2014

Poemas: Cádiz



Cuando te sientes herida por palabras extranjeras
y recuerdas con nostalgia cómo fuiste venerada,
cuando ves que el tiempo infame, sin respeto hacia tus canas,
tus edificios derruye, ensombreciendo tu cara;
como una reina ofendida, majestuosa, indolente,
muestras a todo el mundo que el lugar donde te yergues
y que no dejaste libre ni para un emperador,
nunca habrás de abandonarlo, suceda lo que suceda,
porque tienes algo eterno: de tus hijos, el amor.
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© Fortuna Lago.  1987.

Poemas: Azul



En el azul mar de tus ojos 
navego, a ninguna parte.
Mi alma, que el agua mira,
se pierde en la inmensidad 
de ese azul tan hondo y puro,
tan transparente y sincero,
que hace que el marinero 
sólo anhele naufragar
para poder confundirse 
con esas preciosas piedras,
azules perlas que forman
la belleza de tu mar.
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© Fortuna Lago.  1987.


miércoles, 29 de enero de 2014

Un paseo por la lluvia

Llovía. Frente a ella, la carretera gris se extendía vacía por entre las casas de jardines descuidados, con olor a tierra mojada y piscinas de agua verde llenas de hojas. Algunos de sus amigos estarían en los salones de esas casas, escuchando los entonces no tan viejos discos de vinilo, o quizá viendo la tele. Desde la carretera, se extendía una inmensa naturaleza que bajaba hasta el lago, para volver a subir hasta el horizonte, donde vehículos del tamaño de una hormiga cruzaban la carretera de La Coruña a toda velocidad. 
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Le encantaba esa carretera y le encantaba la vista pero, sobre todo, le encantaba el lugar. Entonces no sabía que siempre lo llevaría en el corazón, ni que ese paseo en solitario, con el frío, la lluvia y un paraguas abierto sobre su cabeza sería uno de los recuerdos que la acompañaría para siempre. Tampoco que alguna vez tendría que abandonarlo de forma tan imprevista, ni que durante muchos años la casa familiar aparecería en sus sueños, siempre abandonada, medio derruida, y siempre con esa angustia de pérdida inminente. En sus sueños, recorrería la casa, se aferraría al jardín, buscaría la forma de mantenerla, conservarla, aunque fuera en ruinas, pero siendo suya, su casa de la infancia, siempre suya. Ni que veinte años más tarde, aún no habría dejado de soñar.
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Aquella carretera guardaba muchos secretos. Era la que recorría para ir a bañarse a casa de sus amigos en verano, o la que cruzaba de pasajera en la vespino cuando iban al pueblo, o por la que paseaba en días grises y lluviosos como aquel, cuando le apetecía estar sola y en contacto con ese paisaje que adoraba, lleno de encinas, matojos y rocas planas incrustadas en la tierra y cubiertas parcialmente de musgo. También aquella por la que lloró con su primer desamor de adolescente, un pipiolo imberbe de catorce años del que, dos décadas después, seguiría siendo amiga. Una carretera vieja, solitaria, llena de aire puro y vacía de coches. Su carretera.
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Alguna gente se quedó por el camino, atrapada al otro lado de un muro o mejor dicho, nunca supo salir de lo que ya entonces se gestaba; rupturas familiares, pérdidas económicas, una larga cuesta por la que muy, muy lentamente, de forma casi imperceptible, la familia comenzaba a descender. De ese momento, de esas pisadas con la vista en el horizonte, las gotas cayendo sobre el paraguas y el aire prístino acariciándole el rostro, conservaba la intensa sensación de tener toda la vida por delante, de una juventud insultante, valiosísima y sobre todo, inadvertida. Y el misterio latiendo en su corazón, ¿qué será de mi vida? ¿qué me espera?
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Muchos años después, al recordar ese precioso instante, advirtió lo mucho que entonces le quedaba por pasar, y cuán ignorante había permanecido del futuro que el destino, o lo hados, o la cruel casualidad sin causa ni sentido, le tenía preparado. No supo si era mejor no saberlo, pero ahora sabía que quizá fuera mejor contarlo, contar cómo ese día precioso se le quedó grabado en el alma como el recuerdo de lo que siempre debió ser, un paseo por su casa.
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Dedicated to the moon.

sábado, 25 de enero de 2014

Acerca de Experimenta

Algunos textos no buscan contar una historia; son fruto de un lenguaje más profundo, reflejos del subconsciente y por ello, difíciles de comprender e interpretar, como la simbología de los sueños. Sin embargo, no por ello son menos bonitos ni el acto de escribirlos menos liberador. Hay veces en que simplemente apetece escribir y no es difícil que nos pongamos límites, tiene que significar algo, tener una estructura, una historia. Pero la literatura, como cualquier otra disciplina artística, debe abrirse también a la experimentación. En mi opinión, plasmar los pensamientos tal cual surjan, directamente desde el corazón o el alma o lo que sea que tengamos "ahí dentro" es una buena forma de experimentar. De ahí que haya decidido abrir esta nueva sección en el blog para reunir ese tipo de textos extraños, incoherentes, pero espero que igualmente interesantes. Por tener la misma procedencia, los pocos poemas de esta bitácora se incluirán también en esta sección. 

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