Relatos, opiniones y letras en general. Una ventana personal a ese espacio irreal en el que casi todo es auténtico.

sábado, 11 de mayo de 2013

Cell

"Nueve telefónicos avanzaron en un pulcro cuadrado móvil hacia la anciana, cuyo rostro frenético se hallaba a apenas un metro del de Clay. Movió los labios, y Clay oyó cuatro palabras tanto con los oídos como con la mente 'Llevadme con  vosotros'.

'No vamos a ningún sitio al que le convenga ir, señora', pensó Clay."
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Stephen King. Cell.
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Sin ser en absoluto aficionada al género de terror, Stephen King ha conseguido que sea una asidua de sus novelas. A pesar de un comienzo sangriento que en otro autor habría logrado hacerme aparcar el texto sin más contemplaciones, Cell consiguió engancharme desde un principio por las virtudes sobradamente conocidas de su creador: ambientación soberbia, buen ritmo, alta capacidad de intriga y una historia tremendamente original hilada en un argumento muy bien entrelazado.
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Clay Riddell visita Boston por negocios cuando el mundo se derrumba en un segundo. Una llamada de teléfono es suficiente para que la vida en el planeta, tal como era conocida por los humanos, se convierta en un pasaje del terror sin un desenlace cierto. La humanidad queda dividida en dos bandos, los de aquellos que cogieron su móvil cuando sonó y que a partir de ese instante se convierten en algo "no humano" y los afortunados que fueron capaces de darse cuenta a tiempo de que algo había cambiado en la señal telefónica.
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A raíz del incidente mundial que denominan "el pulso", Riddell comienza un peregrinaje en busca de sus seres queridos sin saber si alcanzará su destino vivo ni si ellos lo estarán o se habrán convertido en "algo distinto". El camino le reservará muchas cosas: compañeros de viaje, enemigos, encuentros espeluznantes y oníricos y algunas decisiones cruciales que determinarán el curso de la historia.
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Una vez más, Stephen King consigue un relato magnífico de una historia apasionante, bien descrita, bien hilada, soberbiamente contada.  Imposible para el lector saber qué va a ocurrir a continuación, más aún cuando va descubriendo que a lo largo de la narración todo es posible. King no tiene piedad y sabe contar sin ambages cómo serían las cosas si ocurrieran en realidad. Este afán por el realismo probablemente sea otra de las virtudes que contribuye a que el libro enganche.
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La única pega que se podría encontrar es un final que no es final, una especie de "continuará" que, si bien deja abierta la opción de una segunda parte, también deja al lector con cierta intriga sobre una de las cuestiones más ardientes del relato, que no anticiparemos aquí para no estropear sorpresas. En su descargo, hay que reconocer que el propio desarrollo de la historia hace difícil cualquier remate distinto. A pesar de todo, King sabe poner fin al texto con elegancia.
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Recomendable para los amantes del miedo y los que no siéndolo, les guste disfrutar de una buena historia a caballo entre el horror y la ciencia-ficción.
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Enlace de interés: biografía de Stephen King.

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viernes, 12 de abril de 2013

El resplandor


"La situación había sido penosa, pero por lo menos entendía lo que sucedía, aunque entonces no era mucho más que un bebé. Pero con los adultos todo era más complicado, ya que cualquier acción posible se teñía con la idea de las consecuencias, la empañaban las dudas, la imagen de sí mismo, los sentimientos de amor y responsabilidad. Parecía que todas las elecciones posibles tuvieran alguna desventaja, y a veces Danny no entendía por qué esas desventajas eran desventajas."
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Stephen King. El resplandor. 
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Este libro lo leí a raíz de una reseña de Relatos Magar, en cuyo criterio confío mucho porque su autora ha demostrado tener un excelente gusto literario. Tal como auguraba, el texto no me ha decepcionado en absoluto, al contrario, la historia me ha parecido excelentemente hilada y el retrato psicológico de los personajes, en especial del padre, Jack Torrance, muy bien definido.
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El Resplandor es un libro de terror psicológico, de fantasmas internos y de debilidades y fortalezas. En su conjunto, me ha parecido una metáfora de las consecuencias que determinados rasgos de la personalidad pueden tener sobre la propia vida, y de cómo fuerzas externas malintencionadas (representadas por el hotel) pueden  llegar a manipular a quienes carecen de una consistencia interior.
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Jack Torrance oculta dos miedos íntimos: hacer daño a su hijo y no llegar a ser nada en la vida. Las fuerzas paranormales que gobiernan el entorno tratan, por todos los medios, de hacerlos realidad. Su influencia es aterradora, poderosa, casi ingobernable, pero sólo Jack sucumbre a su ella. Ni Wendy, ni el pequeño Danny, ni el valiente Hallorann se dejan vencer. La debilidad de Torrance tendrá unas consecuencias trágicas y la descripción de los acontecimientos que conducen a ella mantiene en vilo al lector hasta la última página.
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Stephen King tiene una habilidad admirable para realizar descripciones minuciosas sin que la novela pierda ritmo. El resultado es una ambientación magnífica, que logra que el lector se zambulla en el escenario que le muestra, de una forma tan vívida que le parece estar allí y sin aburrirse en ningún momento.
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En definitiva, y sin ser especial amante del género de terror, El Resplandor es un libro que me ha gustado muchísimo, recomendable para los amantes del misterio, lo paranormal y las buenas historias.
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Enlace de interés: sitio oficial de Stephen King.
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lunes, 25 de marzo de 2013

La libertad última

En contra de lo que esperaba en un principio, La libertad última no tardó en atraparme, no tanto por su calidad literaria como por su contenido, perfectamente hilvanado y que sin duda logra lo que el autor había pretendido desde un principio: transmitir de forma clara, amena y muy gráfica el pensamiento de quien fundó la tercera escuela psicológica más importante de Austria: Viktor Frankl, creador de la logoterapia.
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A través de la historia personal de su protagonista, un periodista norteamericano que al comienzo de la narración se encuentra en un periodo muy difícil de su vida, Michael F. Ryan describe con todo lujo de detalles la filosofía de uno de los grandes terapeutas contemporáneos, cuya obra más conocida, El hombre en busca de sentido, le impactó tanto que decidió escribir una novela para ampliar el conocimiento que el mundo tiene del Dr. Frankl y su concepto del sentido de la vida.
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Michael F. Ryan, al igual que su protagonista, es periodista y se nota. Su redacción es directa y sobria, sin adornos innecesarios, con los conceptos perfectamente ordenados. Y aunque el libro, en su conjunto, adolece de algún que otro defecto desde el punto de vista literario, consigue plenamente el objetivo de introducir al lector en el mundo del gran hombre que fue Viktor Frankl.
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Este es un  libro que no sólo me ha aportado una lectura realmente interesante, a la vez que entretenida, de los fundamentos de la logoterapia, despertando mi interés en esa rama para mí desconocida; también me ha demostrado la gran utilidad que el género novelístico, al igual que una película, puede tener a la hora de difundir la cultura entre el gran público. En este caso, no cultura en forma de una obra impecable desde el punto de vista artístico, sino de una manera ligera y divertida de transmitir unos conocimientos que de otra forma quizá resultaran demasiado tediosos.
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Recomendable para todos los interesados en la Psicología, en reflexionar sobre el sentido de la vida o simplemente pasar un buen rato con una lectura ligera.
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Enlaces de interés: entrevista a Michael F. Ryan
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sábado, 26 de enero de 2013

Nieve convergente

Nieve convergente que se aglutina helada,
los esquemas de cristal toman sentido;
sendas de verdad fría,  significante
que apaga la brasa incandescente de la ira.
La lucha interna y negra se esfuma con el hielo,
se funde con un cielo gris y encapotado,
el cielo es un dibujo que me separa del mundo,
una mentira  piadosa que me han contado.
Emociones rotas y deconstruidas,
vueltas a agrupar en conjuntos nuevos,
donde antes no encajaba ningún ángulo.
Vida difuminada, memorias de una fuente,
de una calle y de frases que se hicieron famosas.
Admiración ardiente, pasión dormida,
fogatas fatuas, dolores olvidados,
añicos de promesa al pie de la basura,
corazón maestro en el desengaño.
Sueños que ya no sueñan, aburrimiento,
esperanza perdida, decepciones, 
agujeros que se escurren en la nada,
en una pregunta, ¿el mundo? 
¿o tal vez alma cansada?

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© Fortuna Lago.  Texto registrado. Todos los derechos reservados.
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domingo, 6 de enero de 2013

Intuition

A tientas por el sendero de las sombras
¿quien dice que el camino sea correcto? 
hay algo en mí; lo escucho y dudo,
hay algo en mí; lo escucho y tiemblo.
De todos los senderos que se ofrecen
al cruce de caminos y a mi ojos,
¿quién dice qué camino es el correcto?
Yo sólo sé que escribo y dudo,
yo sólo sé que dudo y pienso,
y luego continúo mi camino
a tientas por las sombras del sendero.
De cada luz que vi como un fantasma
apenas guardo efímero recuerdo
las sombras vuelven a llenarlo todo
tan pronto como el caminar reemprendo.
Fe de recuerdos del pasado,
de las sombras y las luces que he vivido,
enséñame a escuchar este alma mía
a comprender su idioma y su sonido,
a leer sus labios muertos de palabras,
a recibir la paz de sus sentidos.
Tal vez así, entre la negrura,
alcance, si no a ver, sentir al menos,
de todos los caminos que se ofrecen,
el mío, entre las sombras del sendero.
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© Fortuna Lago.  Texto registrado. Todos los derechos reservados.




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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Las toallas de Meyrink

Universalmente conocido por ser autor de una de las novelas clásicas de la literatura fantástica, El Golem, Gustav Meyrink, el escritor brujo, aglutina en torno a su persona tanto misterio como el más enigmático de sus personajes. Famosa es la anécdota de su intento de suicidio cuando, a los veinticuatro años, estando a punto de pegarse un tiro con una pistola, un desconocido deslizó bajo su puerta un folleto espiritista con el título “La vida que vendrá”. Ese gesto no sólo evitó su muerte prematura; también dio un giro fundamental a su vida, que desde ese momento quedaría para siempre entrelazada con un profundo interés y práctica del ocultismo. Esta inclinación por lo esotérico, unida a la enigmática y bellísima ciudad de Praga, en la que residió durante muchos años, estarían más tarde muy presentes en sus escritos.
Menos conocida, en cambio, es la jugarreta que Meyrink preparó a los oficiales de aduana que solían inspeccionarle en sus frecuentes viajes de negocios a Dresden. En esa etapa de su vida gozaba de una gran riqueza económica y Gustav, acostumbrado a la vida bohemia propia del hijo ilegítimo de una actriz de la época, adquirió maneras prepotentes y una apariencia un tanto atípica. Vestía trajes estrafalarios, ultramodernos para la Praga de finales del XIX, y corbatas carísimas. Adquirió mascotas exóticas. Se hizo socio del casino de Praga y era asiduo de las fiestas privadas más selectas. De él se dice que, en una ocasión, condujo por  el centro de la  ciudad un carruaje  lleno de actores y cantantes agitando globos de colores. También que fue el primer ciudadano praguense en comprar un vehículo a motor. Todo un personaje que, inevitablemente, llamaba la atención de la policía aduanera en el momento de cruzar la frontera.
Harto de las inspecciones cada vez más frecuentes y exhaustivas de los oficiales, Meyrink diseñó un plan para darles un buen escarmiento. Entre los carísimos objetos de su propiedad, estaba un maletín hidráulico capaz de soportar la presión suficiente como para contener en su interior un gran número de toallas empapadas de agua. Y con eso fue con lo que lo llenó. Al llegar a la frontera, la policía aduanera formuló su pregunta habitual: ¿algo que declarar?
Ante la negativa de Gustav, el oficial dirigió la vista hacia el lujoso maletín de piel, que excedía el tamaño permitido, y le preguntó qué llevaba en él, a lo que el interpelado respondió que ropa sucia. Poco convencido por la respuesta, el guardia insistió en saber más detalles. Al ser informado de que se trataba de algunas toallas para uso personal, su extrañeza subió de grado. ¿Una maleta entera de toallas? Efectivamente, confirmó Meyrink. Se trata de toallas y están húmedas, porque recientemente había estado en un sanatorio y, al haber tenido que  marcharse con cierta premura, no había dado tiempo a secarlas.
La incredulidad del oficial iba en aumento, hasta el punto de que acabó exigiendo a Gustav que abriera el maletín y mostrara su contenido. El futuro escritor se negó, alegando, por un lado, que no tenía fuerza suficiente para bajarla del estante del tren donde se encontraba, debido al enorme peso de las toallas, y por otro que, de abrir el maletín, sería imposible volver a cerrarlo, y no pretenderían que continuara el viaje llevando las toallas en los brazos. Añadió que se dirigía a una reunión con gente muy importante, a la que bajo ningún concepto podía llegar tarde, de lo cual responsabilizaría al oficial de aduanas personalmente.
Visiblemente irritado, el guardia agarró el maletín, cediendo casi bajo el tremendo peso, totalmente inesperado, del mismo. Seguro de que al abrirlo encontraría dentro metales preciosos de contrabando,  dio aviso a su superior. A pesar de las repetidas advertencias de Meyrink, escoltado junto a la maleta a la oficina de aduanas, los policías lo abrieron. Un enorme montón de toallas húmedas se desplegó por doquier, triplicando el volumen de su continente. No hubo manera de volver a introducirlas en el maletín.
Media hora más tarde, Meyrink, flanqueado por dos enormes cestas llenas de toallas, que los oficiales de aduana habían localizado a toda prisa, continuaba su camino. La policía aduanera no volvió a molestarle más.
Extraído de Vivo: The Life of Gustav Meyrink, por Mike Mitchell.
Bibliografía recomendada: Praga en tiempos de Kafka, por Patrizia Runfola.
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